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Thiswasnothere

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Saturday, October 17, 2009

No mires atrás

Rápido... más rápido, ¡más! Su corazón no se detiene. Murmullos, ideas, sobresaltos. Respira. Una melodía le resulta conocida, pero parece que hay algo más. No es su imaginación, lo puede escuchar, lo puede sentir, oler, ver, pensar, vivir; lo puede escuchar. Altos y bajos. Rápido y lento. Todo mezclado, unido. Respira profundo. Lento. Más lento. Etéreo. Casi irracional. No te dentengas, por más difícil que parezca. Esto debe continuar. Huélelo. ¿Puedes sentirlo? Es suave, más suave que tu piel. No te limites a olerlo. ¿Puedes verlo también? Yo no. No te vayas. Aún no termina. Recuerda aquéllos lugares fantásticos que visitamos, esas personas dementes viviendo algo surreal. ¿Ya lo recordaste? Yo no. Corre... ¡corre! No te detengas por mí. Ya casi llegamos. ¿Sigues confiando en mí? Dame la mano. Ahora, lento, suave, camina sin pisar, como si volaras. Siente el aire atravesándote el alma. Déjalo pasar. ¿Lo escuchas de nuevo? Yo también. Creo que nos está llamando. ¿Lo conoces? Veme a los ojos. ¿Quieres bailar? Que no te de pena, él nos acompañará. El telón se abre, las miradas sobre tí. No te asustes, sólo quieren olerte, tocarte, sentirte, vivirte. ¿Lo ves? Ahora sigamos. ¿A dónde quieres ir? Dime lo que ves, que ahora yo soy ciego. Guíame con tu voz. ¿Sigues aquí? ¿Estás aburrida? Ya casi viene, ¿lo sientes? ¡Silencio! No hagas preguntas. Sólo escúchalo. Espera. ¿Derecha o izquierda? Está bien, quedémonos aquí. Creo que alguien viene, lo puedo oler. Recuerdos, más recuerdos. ¡Sonríe! No me dejes hablando solo. Pareciera que no me has perdonado, ¿esa flor no te fue suficiente? Dime entonces qué quieres. Te puedo dar cualquier cosa, excepto música, yo no sé cómo se hace. ¿Conoces algún lugar donde pueda comprarla? Tal vez si alguien la vende, te pueda regalar música, aunque no sea mía. ¿No te gusta la música? Entonces te regalaré un suspiro, para que lo uses cuando tu corazón se detenga con algún recuerdo. ¿Un suspiro no? ¿En verdad los puedes fabricar tú misma? ¡Oh! Entonces te regalaré una sonrisa. Desde que te maté no te he visto sonreír. ¿Pasa algo malo? ¿Te sientes incómoda? Tal vez sea el vestido. ¿O son los zapatos? No, no te vayas. Ya no hablaré de ti. Hablemos de algo más. ¿Escuchas esa campana? Anuncia que algien más viene a unirse a nuestras vidas. No te pongas celosa. Ven, vamos a nadar un rato. Qué dulce es el agua. ¿La hueles? Está bien, vayamos al fondo. No respires, te pueden escuchar. Vamos a caminar. ¡Cuidado! Dime la verdad, ¿te estás divirtiendo? Agáchate, te pueden ver. No tengas miedo, soy yo. Vamos a preguntarles si saben cuál es el camino. ¡Anda, no seas tímida! Mi mano está sangrando de nuevo, tal vez debamos regresar. Hay demasiado ruido, no te puedo escuchar. ¿Crees que sea una fiesta? ¿Crees que ahí regalen música? Todos están muy felices, tal vez sea el efecto de las luces moradas. Creo que va a llover. Debemos apresurarnos, o toda la pintura de tu cara se desvanecerá. No llores, o de igual forma se caerá. Dime qué es lo que sientes cuando me ves. ¿Recuerdas aquéllos sonidos? Alguien nos está siguiendo, no voltees a verlo, te puede ver. Pidamos que nos lleven, esta vez no me quiero perder. El sol está desapareciendo. ¿Cuándo nos volveremos a ver? No te fijes en eso, no tiene importancia. Sigue atrás de nosotros, tal vez va al mismo lugar. ¿Pero a dónde va, si nosotros no sabemos a dónde vamos? No, yo no lo invité. Tal vez alcanzó a percibir tu perfume, y por eso comenzó a seguirte. ¿Lo conoces? Se ha detenido. Cambió de dirección. ¿Y si lo seguimos? Tal vez él conoce el camino. Es frágil, yo lo se. Parece de cristal, pero sé que nos podrá elevar a los tres. Aquí arriba todo parece más caótico. Monótono. Repetitivo. Hay mucho ruido. Guarda silencio, tus gritos podrían delatarnos. Si escuchas con atención, podrás encontrar el ritmo. No te angusties si te quedas sorda, aún podrás ver y oler los sonidos. Esas notas son tan agradables; ahora ya no tengo frío. Sí, tienes razón. Hay que regresar, ¿recuerdas por donde venimos? Tal vez debamos preguntar, seguro alguien nos ha de haber visto. Si escuchas con atención podrás percibir el zumbido. No me tomes de la mano, que ya estoy sudando frío. Las luces por fin se apagaron. Creo que es tiempo de huir. Corre, no te detengas. No mires atrás.

Wednesday, July 16, 2008

Hoy pensaste en mí...

Sunday, July 13, 2008

Me gustas demasiado como para dejarte ir....

Thursday, July 10, 2008

Tu sonrisa...

Quisiera ser marihuana, para dibujar en tu rostro la sonrisa más bella que he visto en mi vida. Me enamoré de tu sonrisa... pero no sabía que era sintética. Tu sonrisa es sintética y la luz de tus ojos es irreal.

Sunday, November 04, 2007

Feliz Cumple



Mi blog cumple 2 años... :D

Friday, August 10, 2007

Sin título

Las luces neón le daban a su cara un aspecto enfermizo. Las notas graves de la música le aceleraban lentamente el corazón. El alcohol en sus venas nublaba poco a poco sus pensamientos. La marihuana dejaba de surtir efecto y le daba una sensación de pesadez. Sin embargo, Israel se sentía bien. Era esa extraña sensación ocurrida un par de veces antes, que le anticipaba la llegada de Lorena, aquella chica extraña a la que había visto sin poder saber más que su nombre. Estaba en un estado de felicidad momentánea, la cual, iba a desaparecer en cuanto Lorena y él tuvieran algún contacto.

Todo iba perfecto: la música, la gente, el sabor dulce en su boca que le recordaba su extraño estado de felicidad. Sin embargo, esa noche algo andaba mal. O al menos, esa noche era diferente a las otras: había pasado ya demasiado tiempo desde que la sensación comenzó y Lorena no aparecía. Quizá el cambio tan drástico en las luces impedía que Israel la reconociera entre tanta gente ebria, o tal vez él mismo estaba tan ebrio que no podía verla. Realmente no podía quejarse, ya que estaba teniendo una noche muy agradable, pero esa necesidad irracional de encontrarla le impedía disfrutar por completo de la música.

Lentamente se fue moviendo entre la gente, hasta llegar a las escaleras que daban a un balcón. Hacía ya unos diez meses, un tipo drogado se aventó de dicho balcón, y después de un golpe en la cabeza murió. Los policías lo reportaron como suicidio. Pero ese no era el caso de Israel, el sabía y estaba seguro de que en ese momento no quería terminar con su vida. Creyó que desde arriba iba a poder localizarla rápidamente, pero en su estado todas las cabezas eran idénticas, y los rostros se mezclaban con el humo del cigarro. Después de dos minutos, se dio por vencido y decidió regresar a casa.

Tal vez esa noche sería la excepción y no podría verla. O quizá su mente lo había metido en un juego, y era el deseo de verla lo que le provocaba dicha sensación placentera, y no el hecho de que ella estuviese en ese lugar. En la oscuridad, sus pies resbalaban entre los escalones que lo conducirían a la planta baja, y sus cabellos negros se enredaban en los adornos navideños del techo. No es que él estuviera muy alto, sino que en teoría nadie debería subir ahí. A la mitad de las escaleras tropezó con algo, o más bien, con alguien. Levantó la cabeza pero no pudo ver nada. De pronto, una voz intrigante dijo: deja de seguirme, ¿quieres?

Suena el despertador… de nuevo todo había sido un sueño. Parecía una burla del destino: cada vez que Lorena aparecía, sonaba el despertador. Era como si el cosmos, el despertador o su subconsciente estuvieran conectados. O parecía más bien que, en cuanto ella aparecía en el sueño, el tiempo se detenía en su mente y entonces transcurrían cinco minutos o cinco horas, y el despertador lo hacía volver a la realidad. Maldita realidad, si tan solo fuera como la pintan los publicistas, Israel sería feliz. Pero no lo era, y eso era real, más real que el aroma de Lorena, o más real que sus ojos casi negros que te llevaban muy dentro de su alma. Pero esa sonrisa, esa sonrisa bañada en dulzura que roza la maldad, era más real que nada, o que todo.

Sus pies y su nariz estaban helados. Tal vez un poco de café ayudaría, pero habría que salir y parecía que todavía estaba nevando. Abrió la ventana para confirmarlo, y lo que encontró fue un panorama deprimente. Niños jugando con lo que quedaba de nieve, iluminados por esos rayos tristes del sol, esos rayos que te recuerdan que el año se va a acabar y no has hecho nada con tu vida. Al cabo de un momento decidió salir, tal vez el aire le despejaría la mente y así podría dejar de pensar en esa mujer extraña que ni siquiera era real.

Al dar el primer paso en la acera se arrepintió de haber salido, pero regresar lo haría ver como un idiota, y algunas voces se escuchaban en la escalera del edificio. Además, sólo eran dos cuadras las que tenía que caminar para llegar a la cafetería. Dos malditas cuadras de adornos y falsas sonrisas. Al fin llegó a un local pequeño, saturado de adornos y de gente estúpida. Gente estúpida que fingía que su deuda bancaria no iba creciendo gracias a todos esos regalos superficiales comprados a gente hipócrita, como ellos mismos. El café era insípido y un poco agrio, pero finalmente era lo mejor que podía tomar. En su departamento no había más que un irritante olor a cigarro y ropa sucia.

Sus ojos observaban el materialismo navideño, pero su mente giraba en torno a Lorena. Por momentos se convencía a si mismo de que no era más que un juego sucio de su propia mente. Si le comentaba algo al respecto al psiquiatra seguramente le aumentaba la dosis de litio; aunque no tuviera relación alguna, el idiota de bata blanca disfrutaba verlo sumido en una depresión permanente. Era mejor quedarse callado y disfrutar de sus sueños, aunque la frustración matutina lo estuviera volviendo loco. De todas formas, su intuición no fallaba, y el sentía que todo iba a terminar bien, que de alguna u otra forma las cosas se solucionarían y esos sueños extraños abandonarían su cama para siempre.

Esa misma noche, si es que volvía a encontrarse con Lorena, trataría de que ella no lo viera; tal vez de esa forma podría conseguir más datos, y finalmente contactarla en el mundo “real”. Eso sucedió la primera vez que soñó con ella, ya que con tal de admirar su rara belleza no se acercó a hablarle, y gracias a otra persona que la llamó supo cómo se llamaba. Pero ese maldito despertador arruinaba todo. Probablemente nunca podría platicar con ella, o tal vez nunca volvería a encontrarla en sus sueños, y su recuerdo se iría borrando poco a poco, hasta que un día Israel viviría como si ella nunca hubiera existido. No…, había que esforzarse un poco. Lorena parecía demasiado interesante como para dejarla ir, así como brisa de verano, o como nieve derretida en el pavimento.

Su vida parecía no tener sentido, pero era algo absurdo el sostenerse de un hilo tan delgado y frágil, como lo era una mujer onírica. Era obvio que las tareas diarias, o una carrera exitosa o una vida de suburbio no eran suficientes para que Israel alcanzara un nivel de felicidad decente. Pero sinceramente, en este mundo de mierda era muy difícil ser realmente feliz. Había que escoger entre llevar una vida mediocre o simplemente terminar con ella. No, era muy complicado. Además era horrible pensar que unas manos ajenas lo examinaran en la morgue para determinar la causa de la muerte y buscar dinero en sus bolsillos, el cual no tenía. Morir, vivir… vivir o morir. No se dio cuenta si lo dijo en voz alta, no importaba. Tenía que decidir. Vivir… o una sobredosis… o buscar un empleo… o aventarse de un puente. Era mejor tratar de encontrar a Lorena. Al menos lo mantendría ocupado hasta que encontrara una mejor solución.

Regresó a su apartamento para llevarse la ropa sucia. Así los calcetines dando vueltas dentro de una máquina prestada lo entretendrían un par de horas. Dos horas menos con que lidiar antes de poder conciliar el sueño y entonces tratar de encontrar a Lorena. Tal vez después leería un poco, o saldría a caminar, o iría al muelle a observar un cielo gris y un mar con la misma tonalidad, o quizá fumaría un poco de hierba para ver las fotografías colgadas al lado de su cama moverse. O incluso, quién sabe, podría contestarle esa carta a su madre. Si no lo hacía pronto, comenzarían a buscarlo otra vez, y en época navideña ver a la familia era peor que comer nuggets en Mc Donalds.

Al fin las luces en las calles comenzaron a encenderse. A los ojos del mundo ya podía ir a dormirse. Pero en realidad iba a necesitar un par de somníferos para poder conciliar el sueño. La caja decía que tomara una cápsula, o dos si era necesario. ¿Necesario comunidad médica o necesario Israel? Nadie tenía las mismas necesidades, pero en un mundo globalizado todos fingían tenerlas. ¿Pero Israel qué? Israel no tiene las mismas necesidades… a su criterio toda la caja bastaría. A fin de cuentas si llegaba a localizar a Lorena tendría que aprender a vivir en pareja, y eso era demasiado esfuerzo para conseguir una felicidad que quizá nunca llegaría. Tal vez ella tenía muchas manías, o tal vez llegaba a asesinarlo. Mejor él mismo terminaría con su vida y no le concedería ese placer a nadie más.

Una a una se fue tomando las pastillas, con el café frío que quedaba de la mañana. El café se acabó y quedaba más de media caja, y no se arriesgaría a que no surtieran efecto. Fue a la cocina, y tomando agua directamente de la llave, se dispuso a terminarse las cápsulas. Abrió el refrigerador y se dio cuenta que, al igual que el día anterior, sólo quedaba la caja de comida china sin comida en su interior y una propaganda de un restaurante familiar-karaoke. Estaba en paz, la respuesta a la carta de su madre ya estaba en camino y ella se enteraría de su muerte como seis o siete meses después. Comenzó a caminar lentamente hacia su cama, pero todo el departamento comenzó a verse blanco… blanco y borroso a la vez. Ya estando tirado en el suelo, siguió sin preocupaciones. Si moría ahí, la dueña del departamento no tendría que cambiar el colchón de la cama.

Era de noche, y él iba en camino al club. Estaba seguro de que era un sueño, era una de esas veces en las que te das cuenta de que estás soñando, y tú decides si despertar o no. Israel decidió seguir soñando, porque quizá si decidía despertar se encontraría de nuevo tirado en el suelo, o no podría despertar nunca más y se frustraría en el intento. Entró al lugar, y las letras fluorescentes en su playera negra brillaban intensamente con las luces negras del lugar. Poco después de que empezó a bailar, la sensación comenzó a invadir su cuerpo. Se sentía muy bien, era como la heroína entrando por la sangre. Sin embargo, esa desesperante necesidad de encontrarla lo volvía loco.

Mientras bailaba sin seguir el ritmo de la música trataba de encontrarse con el rostro de Lorena. ¿Sería que ella también lo buscaba en esos lugares? ¿O era una simple casualidad el encontrarla en el lugar indicado? ¿O su pobre mente no encontraba mejor forma de mantenerlo vivo? En eso pensaba cuando unos ojos casi negros que te llevaban muy dentro de un alma y una sonrisa bañada en dulzura que roza la maldad se posaron frente a él. Era ella, no había duda. Tampoco había despertador, ¿es que ya había muerto?

Era la oportunidad perfecta para hablarle, preguntarle si en verdad existía, o si era sólo un producto de su cansada imaginación. Sin embargo, no pudo articular palabra alguna y sólo se quedó parado frente a ella observando sus rasgos finamente dibujados. Ni siquiera en un sueño podía idear las palabras perfectas para iniciar una relación que podía llegar a ser duradera.

Ella tampoco dijo nada, sólo lo veía intrigada, como si ya lo hubiera visto antes, o como si su rostro la hubiera cautivado en ese momento. Lentamente ella estiró la mano hacia el cabello negro de Israel, y éste no hizo movimiento alguno. El lugar parecía más luminoso y así pudo ver que tenía unas manos muy bellas, raras pero bellas, con dedos finos y largos que estaban a punto de tocarlo. En el instante en que sus dedos tocaron la frente de Israel, todo se detuvo. La música, su respiración, su corazón. Pero no había despertador. No seguía el sueño, pero tampoco se interrumpía. Fue un instante doloroso, y placentero, sí, placentero.

Los dedos de Lorena seguían moviendo el cabello de Israel, como si ella no notara que él había dejado de respirar. En el momento en que inhaló fuertemente, abrió los ojos. Estaba recostado en su cama, Lorena estaba a su lado acariciándole el cabello. Ella lo miraba con esa sonrisa extrañamente cautivadora. Al ver la cara de Israel sólo dijo: no te asustes tonto… soy yo.

Si, era ella. Eso era obvio. También era obvio que ya no estaba soñando. ¿Vivían juntos? ¿Estaba muerto? Poco a poco fue percibiendo esa sensación de felicidad. Sí, tal vez sería feliz con ella. Era linda, y estaba seguro de que podría compartir su vida con ella, aunque lo único que sabía era que se llamaba Lorena…

Wednesday, March 21, 2007

Cuando menos lo esperas....

Saturday, February 03, 2007

Tuesday, January 09, 2007

No tengo ganas ni ideas para escribir algo. Debería trabajar en Televisa o escribir un Bestseller.

Wednesday, January 03, 2007

Tuesday, January 02, 2007

She will be young forever...

¿El primero........?

Sunday, December 31, 2006

El ultimo post del año...

Los amantes

¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos ? Ellos se toman de la mano: algo habla entre sus dedos, lenguas dulces lamen la húmeda palma, corren por las falanges, y arriba está la noche llena de ojos.
Son los amantes, su isla flota a la deriva hacia muertes de césped, hacia puertos que se abren entre sábanas. Todo se desordena a través de ellos, todo encuentra su cifra escamoteada; pero ellos ni siquiera sabenque mientras ruedan en su amarga arena hay una pausa en la obra de la nada, el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura, empiezan a salir los ciegos, el ministerio abre sus puertas. Los amantes rendidos se miran y se tocan una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle. Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos, que la ciudad los recupera hipócritay les impone los deberes cotidianos.


Julio Cortazar

Monday, December 11, 2006

Es rara...